La Antigua Guatemala… una ciudad que invita

Mucho se ha escrito sobre La Antigua Guatemala. Yo que he vivido durante casi toda mi vida en esta ciudad maravillosa, diría que la siento como parte de todo mi ser: físico y espiritual. Y es que creo que después de tener contacto personal con ella viene lo más hermoso que es ese sentimiento de tranquilidad, de relajamiento a que invita esta hermosa joya arquitectónica.

Yo recomendaría a las personas que la visiten, a que se tomen su tiempo cuando lleguen a esta parte del territorio guatemalteco, ya que ese ambiente místico que se vive y se respira en Antigua, es único, y típico de muy pocos lugares en el mundo.

Una Foto de La Antigua Guatemala… una ciudad que invita

Cerro de la Cruz, Antigua Guatemala

Es especialmente atrayente imaginar cómo pudo haber sido la vida de las personas que la habitaron en la época colonial, la falta de electricidad en ese tiempo ha de haber proporcionado noches esencialmente románticas, el ruido de los caballos y de los carruajes habrá sido tan revelador del silencio y la tranquilidad de sus calles. En fin hay tanto que imaginar con tan sólo detenerse en cualquiera de sus esquinas, parques y monumentos.

Por eso, hay tantas personas que la visitan y que se enamoran tanto de ella, que mejor fijan su residencia en el centro o en sus cercanías. Porque sus alrededores son también particularmente hermosos.

Un amanecer en Antigua, invita a la vida, al optimismo y a la creatividad. Sus atardeceres llenos de colorido, cubren con un dorado espectacular sus monumentos, invitando a la tranquilidad y a la meditación. Y sus noches, especialmente serenas, nos invitan a la reflexión y al descanso.

Una Foto de La Antigua Guatemala… una ciudad que invita

Calles de la Antigua Guatemala

En esta ciudad todo se toma con calma, no hay por qué correr, hay que saborear la vida, como esos caramelos que tomábamos cuando éramos niños, y que tenían un mejor sabor si no los engullíamos de un solo golpe. Es necesario andar sobre sus calles, pensando en cada paso, respirando ese aíre lleno de un aroma a naturaleza viva y sana. Sentarnos en las bancas de sus parques y relajarnos, sentarnos simplemente a observar, a ver como la vida pasa ante nuestros ojos.

Antigua también es la ciudad de la santidad y de la devoción. Acá habitó en la época de la colonia el Santo Hermano Pedro. Quien por las noches recorría sus calles tañendo una pequeña campana que advertía: “Acordaos hermanos que un alma tenemos y si la perdemos ya no la recobramos”.

Durante la Cuaresma y la Semana Santa, Antigua se viste de sus mejores galas, pareciera como si la ciudad despertará de un largo letargo, y es entonces cuando aparece dinámica, vibrante, llena de colorido y esplendor. Durante esta temporada podemos decir que cuadruplica el número de sus visitantes, ahora es bulliciosa y alegre dentro de un marco de sereno recogimiento. Ahora sus calles se visten de alfombras llenas de colorido y de aromas singulares, y ahora sus habitantes siempre amables y saturados de cordialidad, parecen más que nunca orgullosos de sus raíces y de sus tradiciones tan finamente entretejidas por nuestros ancestros.

Visite Antigua, seguramente se arrepentirá de no haberlo hecho antes.

Una Foto de La Antigua Guatemala… una ciudad que invita

Iglesia de La Merced, Antigua Guatemala

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