El Colegio Tridentino… un centro de estudios superiores

El Rey Felipe II en el año de 1,592, ordenó la fundación de seminarios en todas las diócesis del Nuevo Mundo.

Fue entonces que nació el Colegio Tridentino, llamado así por el Concilio de Trento (de donde tomó su nombre). Su principal objetivo era la formación de clérigos, como también proveer de una buena educación a los hijos y nietos de los conquistadores, y también para brindar educación a los hijos de caciques.

En realidad fue un centro magnífico de estudios superiores de Humanidades y Teología. Gozo de autoridad para dar grados sin necesidad de aprobar cursos universitarios. Se impartían las cátedras de Matemáticas, Física, Lógica, Sagrada Escritura, Teología, Dogmática, Humanidades, Retórica, Metafísica, latín, idiomas inglés y francés.

Originalmente se estableció en Ciudad Vieja (Valle de Almolonga) en el año de 1,596. Después con el traslado de la ciudad al Valle de Panchoy (hoy Antigua), estuvo funcionando en la casa llamada “El Jaulón”, que era propiedad doña Leonor (hija de don Pedro de Alvarado). Aquí estuvo por casi un siglo, hasta que fue finalmente ubicado en un terreno situado a un costado de la Catedral, contiguo a la Universidad de San Carlos.

También se le conocía como “Seminario de Nuestra Señora de la Asunción”. Su constructor fue el Arquitecto José Manuel Ramírez, el mismo a quien se le atribuye la Universidad de San Carlos y la Iglesia de Santa Rosa. Su entrada principal es un portal con cuatro columnas estriadas de orden compuesto y un entablamiento ricamente elaborado en el que se encuentra una hornacina con la imagen de la Virgen María. El claustro está formado de arcos mixtilíneos coronados con escudos marianos. Hay una pequeña capilla con su sacristía en el centro del complejo.

Colegio Tridentino

Colegio Tridentino

Después de los terremotos de Santa Marta en 1,773, fue trasladado a la Nueva Guatemala de la Asunción y funcionó en lo que hoy es el Colegio de Infantes. Posteriormente, al igual que muchas otras construcciones, fue vendido a particulares en el año de 1,860, quienes la modificaron para residencias privadas.

Actualmente no está abierta al público, por lo que sólo podemos admirar su bella fachada decorada de estuco.

Nuevamente insisto en lo maravilloso que sería volver a habilitar todos estos lugares para el beneplácito de las personas que nos visitan. La ciudad de Antigua Guatemala realmente viene siendo como un inmenso museo, a pesar de que tantas veces fue destruida y reconstruida, conserva ese encanto tan maravilloso de lo que habrá sido la época Colonial.

En cada mes del año se reviste de una especial peculiaridad. Sus diferentes fiestas y tradiciones quedan debidamente enmarcadas en cada lugar en que se representan. Es por eso que el turista que nos visita queda fascinado con su inconmensurable belleza. La paz y la tranquilidad que se vive en cada uno de sus espacios tienen un valor inapreciable.

Los que vivimos en ella, hemos aprendido a amarla, para muchos de nosotros que hemos nacido acá, la consideramos como nuestra madre, ha sido y queremos que siga siendo nuestra cuna. Porque en su regazo nos sentimos seguros y felices, cada día que pasa damos infinitas gracias al Señor por habernos permitido nacer en este maravilloso lugar.

Colegio Tridentino, Antigua Guatemala

Colegio Tridentino, Antigua Guatemala

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