El Monumento Funerario a Landívar… motivo de reflexión

Antigua Guatemala ha sido hasta ahora una ciudad que se niega a morir, pero nosotros quienes la habitamos no solamente debemos evitarlo sino que debemos y estamos obligados a renovarla, a darle nuevos bríos, llenarla de energía, para que en el futuro esta ciudad sea una ciudad vibrante de cultura y esplendor.

Todo esto viene al caso porque dentro de tantas ruinas, casas y calles que rezuman historia y leyenda… hay un Monumento Funerario, dedicado al poeta de la época de la Colonia Rafael Landívar, que viene a ser motivo de reflexión.

Este Monumento construido a tan ilustre personaje está ubicado sobre la Calzada Santa Lucía haciendo esquina con la 5ª Calle Poniente. Es una estructura compuesta por cinco arcos en estilo colonial, y en ella descansan sus restos mortales.

Rafael Landívar fue todo un personaje en la historia de la ciudad de Santiago, hoy La Antigua Guatemala. Nació el 31 de octubre de 1731 en una familia de noble posición social y económica. Fue hijo de Pedro Landívar y Caballero y Xaviera Ruiz de Bustamante. Creció en soledad por su frágil salud, rodeado principalmente de los maestros particulares que le brindaron la educación que más tarde rindiera brillantes frutos. Destacó aprendiendo latín desde muy corta edad.

Estudió en la Universidad Real y Pontificia de San Carlos, en donde se graduó de doctor en filosofía a la edad de 16 años. Se trasladó a México en 1749 para ingresar a la orden religiosa de la Compañía de Jesús, y se ordenó sacerdote en 1755 a la edad de 24 años.

Rafael Landívar fue maestro de gramática en el Seminario de San Jerónimo, en Puebla, y de retórica en el Colegio Jesuita de México. Viajó extensamente por la Nueva España hasta lo que hoy se conoce como California. En Antigua Guatemala se incorporó al claustro de catedráticos del Colegio San Lucas, formando parte de la Compañía de Jesús, en el lugar donde hoy se encuentra el Centro de Formación de la Cooperación Española, institución que restaurara lo que quedó del complejo. Y se desempeñó como rector del colegio San Francisco de Borja.

Lamentablemente en el año de 1767, una orden emanada de España por el Rey Carlos III, manda que todos los jesuitas sean expulsados de tierras españolas, a esto se suma en el año 1768 la supresión de la Orden Jesuita por el Papa Clemente XIV. Landívar al igual que sus compañeros se ven forzados a abandonar la ciudad de Santiago y a dispersarse por el mundo. Finalmente se instala en la ciudad de Bolonia, Italia, convirtiéndola en su segundo hogar.

Luego en 1773, le avisan que los terremotos de Santa Marta han destruido la Antigua Guatemala, su amada tierra. Estos aspectos dolorosos fueron sublimados por Landívar en los versos de la “Rusticatio Mexicana”. Esta bella obra es sin duda alguna su legado más recordado, el cual fue publicado en 1781 y en años posteriores con nuevas ediciones. Fue escrita en un estilo de poesía latina. Escogió ese título por encerrar gran contenido afín a la región y debido a que en la época, en Europa, se reconocía al territorio español en América bajo el nombre de México.

Su obra en general es de gran valor literario y ha sido reconocida internacionalmente como uno de los grandes valores de la literatura guatemalteca. Rafael Landívar destacó literalmente por sus escritos, pero sus mayores galas las logró como poeta.

El padre Landívar nunca pudo regresar a Guatemala y murió en Bolonia, el 27 de septiembre de 1793 a la edad de 62 años. Fue enterrado en la iglesia de Santa María Delle Muratelle, de la cual era Rector. En 1950 sus restos fueron repatriados por el Gobierno de Guatemala y colocados en este monumento que se contempla sobre la Alameda de Santa Lucía en la Ciudad de Antigua, al lado de la casa donde nació y vivió.

Conocer y reconocer los valores individuales de tantos hombres ilustres guatemaltecos, nos dará modelos para poder imitar y así crear una sociedad mejor, orgullosa de sus raíces y con la frente muy en alto de cara al futuro. Hay tantas grandes figuras que las tenemos en el olvido. Los valores de todas estas personas del pasado y del presente, nos estimularán a ser mejores y a crear un mejor país, basados en los modelos positivos que estos personajes emanan.

Muchas veces no nos detenemos ni ingresamos en la tumba de Landívar porque no sabemos nada de él ni de su obra. Se salvan un poco más Fray Bartolomé de las Casas, cuyo monumento está en el Parque de la Merced; y naturalmente la tumba del Santo Hermano Pedro en la Iglesia de San Francisco. Pero aparte de ellos, no hay más monumentos que nos digan y nos ilustren de otros personajes, que en nuestra tierra Guatemala los ha habido y los hay.

Este es otro reto para la futura Antigua Guatemala, para que sea verdaderamente un indiscutible Centro Cultural. Así se añadirá a la ciudad en ruinas el valor humano, para que los paseantes y turistas puedan apreciar la memoria agradecida de un pueblo a los suyos. Y que así veamos que no todo es de adobe y piedra.

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